Pidiendo el capote, los libros y los pergaminos

« Más temas

Por el pastor Rubén Flores Albarracín
(Resumen de programa radial)

...El apóstol Pablo le escribe a su muy querido hijo espiritual Timoteo, lo siguiente: "Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida. Procura venir pronto a verme.
Trae, cuando vengas, el capote que dejé en Troas en casa de Carpo, y los libros, mayormente los pergaminos" (2 Timoteo 4:6-9 y 13).

El apóstol conoce muy bien al joven pastor Timoteo. Sabe de su calidad moral y espiritual, afecto y sensibilidad, sacrificio y lealtad. No sería la primera vez que Timoteo haría algo bueno a favor del apóstol. A pesar de que Pablo entiende que los separa una gran distancia de más de mil quinientos kilómetros, sabe que Timoteo irá a verlo. Timoteo consideraba como un padre a Pablo y, venciendo los peligros y las adversidades, viajaría por tierra y mar desde Éfeso a Troas y luego hacia Roma. Timoteo sabe que será la última vez que, en este mundo, verá a su pastor y padre espiritual, y no escatimaría esfuerzos en realizar el largo viaje.
Evidentemente la temporada de invierno se acercaba y Pablo con la prudencia y delicadeza propias de un siervo de Dios le pide a Timoteo que le lleve el capote que había dejado en la ciudad de Troas en el norte del Asia Menor. El capote era un abrigo con caperuza, una gruesa prenda exterior muy útil en tiempos de intenso frío. Recordemos que Pablo contaba con sesenta y siete años de edad aproximadamente, estaba en una fría cárcel por causa de ser un predicador cristiano, se encontraba mal alimentado y todo esto en medio de la frigidez propia de la ciudad europea de Roma. Pero las circunstancias adversas no le robaban a Pablo la prudencia y la delicadeza para pedir que le lleve dicha prenda. Pablo no se vale de su apostolado ni se aprovecha de su situación adversa. Pablo es un verdadero hombre de Dios. No le pide a Timoteo que le compre un capote nuevo. No le pide otras prendas a cuenta del joven pastor. Ni siquiera le sugiere que en la iglesia que pastorea Timoteo se levante una ofrenda para comprar unos capotes de mejor calidad y nuevos para el siervo de Dios. Pablo solo pide su propio capote. Es muy probable que la decorosa y digna actitud de Pablo haya motivado a Timoteo a llevarle no solo el capote solicitado sino también otras cosas.
El apóstol San Pablo tenía tanto espiritualidad cristiana como sentido común. Sabía que la temporada invernal se acercaba y debía abrigarse adecuadamente. La verdadera espiritualidad no renuncia al sentido común. La espiritualidad no está en conflicto con el sentido común santificado. Estoy seguro de que si Pablo no hubiese tenido la posibilidad de contar con alguna prenda abrigadora, le hubiera pedido a Dios su cobijo y protección. "Porque fuiste fortaleza al pobre, fortaleza al menesteroso en su aflicción, refugio contra el turbión, sombra contra el calor..." (Isaías 25:4 a).
El sentido común debe ocupar un lugar de importancia en la vida del cristiano. San Pablo, el hombre que a través de su ministerio había visto milagros inusitados como la resurrección de muertos, entre otros milagros, liberaciones y sanidades extraordinarias, también tenía sentido común, el mismo sentido común santificado que anteriormente le llevó a recomendarle a Timoteo que ingiera un poco de vino para su salud estomacal (1 Timoteo 5:23).

Según 2 Timoteo 4:13 Pablo le pide a Timoteo que le lleve los libros y los pergaminos que también había dejado en Troas. Al mencionar "los libros" se refiere a las copias escritas en papiros de las Sagradas Escrituras o parte de ellas. Y cuando menciona "los pergaminos" se refiere a los escritos más antiguos de las Escrituras. ¡Qué petición tan sabia!
Estando recluído en una cárcel por razones políticas, el famoso escritor ruso Fiódor Dostoievski, autor de obras como Pobres Gentes, Crimen y Castigo, Los Hermanos Karamázov, entre otras, el 27 de agosto del año 1849 le escribió a su hermano Mijaíl lo siguiente: "Acerca de mi persona no puedo decirte nada seguro. Siempre la misma falta de conocimiento en lo que se refiere a nuestro asunto. Mi vida es tan monótona como antes; pero nuevamente me permiten pasearme por el jardín, en el que hay diecisiete árboles. Es una dicha para mí. Otra dicha es que me han permitido tener una vela por la noche...¿Quieres enviarme algunos libros de Historia? Sería magnífico. Pero aun mejor sería una Biblia (los dos Testamentos)".
Hasta aquí la cita.
Cuatro meses después, a finales del mes de diciembre de 1849, bajo una sentencia de cuatro años, Dostoievski viajaba rumbo a la prisión en Siberia, Rusia. Estando allí se convirtió en un asiduo lector de las Escrituras, una Biblia que la devota mujer Von Vizin le hizo llegar. La palabra de Dios le permitió al escritor tener un encuentro con Cristo. A través de la Biblia, Cristo marcó su vida y su posterior obra literaria. Escaso tiempo después de su liberación en Siberia, le escribió una carta a la señora Von Vizin. Son de Fiódor Dostoievski las siguientes memorables palabras: "Esta profesión de fe es muy sencilla; está aquí, creer que no existe nada más hermoso, profundo, agradable, razonable, valiente ni perfecto que Cristo. No solamente no existe más que esto, sino que –me lo digo con celoso amor– no puede haberlo. Mejor aun, si alguien me hubiera probado que Cristo está fuera de la verdad, y si estuviera realmente probado que la verdad está fuera de Cristo, hubiera preferido estar con Cristo antes que con la verdad".
Hasta aquí la cita.

Sin duda Pablo era un hombre apasionado por las Escrituras, por la palabra de Dios que había transformado su vida. Ninguna teología ni filosofía de las cuales era un erudito, cautivaba su corazón como lo hacía la Teología escritural.
A muchas personas el televisor, el radio transmisor, los paseos, la familia, la recreación, el trabajo, las amistades, incluso la koinonía cristiana, les han robado el encuentro con Dios a través de su Palabra, las Escrituras. Ya no tienen tiempo para estudiar la palabra de su Dios...¡Que no le suceda lo mismo a usted!
Pablo estando en una sucia, incómoda y oscura cárcel, encadenado día y noche a un distinto soldado romano cada seis horas, en medio de un intenso frío, teniendo una deficiente alimentación, con problemas en sus ojos y sabiendo que pronto moriría martirizado, se dedicaría a seguir estudiando las Escrituras, a seguir creciendo en el conocimiento de Dios, a seguir alimentando su alma y su espíritu, a seguir encendiendo su pasión por el Señor, a seguir siendo santificado, a seguir percibiendo sus directrices, a seguir siendo renovado...