Escrito por Juan Carlos Fernández - Rabito
Presidente de la compañía «De la Música Inc.».
Juan Carlos Fernández es un prestigioso productor, compositor y cantante internacional.
Durante largo tiempo sus inspiradoras e influyentes canciones cristianas románticas han ocupado privilegiados lugares en el ranking de muchas emisoras radiales cristianas y seculares.
El compositor e intérprete de Sinceridad, Un mundo diferente, Un pacto con Dios, La distancia, entre otros temas musicales, también se dedica a dar conciertos y conferencias en distintos países.
Juan Carlos Fernández es el director del Ministerio Rabito Kids.

Reflexiones acerca de la música cristiana y su influencia

La música es el arte de combinar los sonidos. Pero más allá de combinar los sonidos está el por qué existe la música y quién la inventó.
La música cristiana es la expresión de un entendimiento de lo que significa adorar a Dios, el fundador, el creador de esa música.
En síntesis la música es el alimento del alma. Dios la inventa para comunicarnos. La música trae muchas intenciones incluidas dentro de las melodías y las letras. La música es algo muy amplio, algo muy profundo que alimenta a los seres humanos; los entretiene, los hace reflexionar. Esto es una parte de lo que significa la música.
En lo que a mí me concierne, la música cristiana es el instrumento que Dios me dio para adorarlo y mostrarlo a la sociedad como un ser alcanzable, un ser que actúa en forma efectiva, un ser poderoso, un ser creador.

La letra de la canción es muy relevante. La letra de la canción es más importante que la melodía. Es primordial poner un mensaje a la melodía. Puede haber una canción rítmica muy bien arreglada y auditiva, musicalmente hablando, pero si la letra no dice nada, entonces ha perdido la función de ser. Para mí la letra es el «ciento uno por ciento» en relación a la importancia de una canción. Si yo hago una canción acerca de Cristo y lo menciono muy livianamente o prácticamente sin definirlo en su poderío, esa canción no sirve para nada. Con el transcurrir del tiempo me voy a dar cuenta de esto, porque no transmitió nada, y la gente no reconoció ni sintió nada.
Cuando yo compongo canciones soy muy exigente para determinar qué tipos de letras les voy a poner; porque la música y la letra transmiten lo que soy en Cristo y si no logro transmitir esto, soy un metal que retiñe como dice la Biblia, en otras palabras, hago mucho ruido y no digo nada. La letra de una canción es la esencia de una canción.

Las letras de mis canciones surgen después de mucho trabajo. Por ejemplo, en estos días he sentido que debo encerrarme y escribir nuevamente. Tengo que tener oído para percibir lo que Dios me hace sentir. Soy una persona que tira mucha letra a la basura porque no me deja conforme. Como soy productor entiendo lo que significa una canción. Tengo que ver desde varios ángulos: desde el músico, desde el compositor, desde el productor, desde el oído del público, etc. A veces yo compongo en forma muy lenta y otras veces de manera muy rápida. Las canciones nacen según lo que Dios me hace sentir que hay que escribir. La canción Sinceridad comencé a escribirla a las 3:30 am y a las 5:00 am ya la había terminado. Yo estaba viviendo una experiencia muy fuerte con una persona que era mentiroso, que decía muchas cosas acerca de Cristo, pero con sus hechos dejaba mucho que desear, pues una cosa es hablar del Señor y otra cosa es conocerlo; no muchos de los que dicen «Señor, Señor», son lo que dicen que son. Y Dios me hizo plasmar lo que sentía. El Señor utilizó a ese hombre para poner en evidencia a tantas personas que hablan de Cristo sin conocerlo personalmente.

Debo ser muy cuidadoso con lo que escribo. En sí la música de Dios no se puede manejar, es muy irregular. En el buen sentido de la palabra es «misteriosa» y los misterios de Dios son suyos.
La música es un instrumento para transmitir principios y valores a la sociedad. Yo he sido la mano, el Señor es el que ha escrito las canciones para decir a la gente «tengamos cuidado con lo que hacemos», «miremos los principios que usamos».

La música tiene un poder muy fuerte para levantar o derribar a una persona, esto es, psicológica o espiritualmente hablando. Posee poder para esclarecer el pensamiento o para enturbiarlo. La música tiene mucho poder; por eso Satán robando esa música se adueñó de mucha gente con el correr de los años. Pero el verdadero autor la creó para otra cosa: para su adoración, para su alabanza. Los ladrones roban cosas y las usan para sí mismos con sus intenciones de ladrones. Hay canciones que no dicen nada y existen otras que incitan a hacer cualquier barbaridad en contra del prójimo. Pero hay otras canciones que por el Espíritu de Dios sanan a la gente, la levantan, la restauran, la reedifican; ponen al ser humano en la esfera de valores, sueños, anhelos, logros. Esto es música cristiana.

Yo no presento a un Cristo religioso, sino a un Cristo alcanzable. El Señor dice: «He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo» (Apocalipsis 3:20). El Señor con esto está diciendo: «Estoy a tu lado siempre», «soy tu amigo si quieres», «soy tu papá si quieres», «soy tu Señor si quieres», «soy tu maestro si quieres», «el ser que te corrige si quieres». Está de por medio el libre albedrío humano para determinar hacia dónde pateamos.
Y cuando yo escribo canciones, las escribo tal como el Señor se me manifestó y de tal manera que pueda mostrar al mundo el beneficio de lo que habla su Palabra a todos. Por qué ponerlo dentro de una estructura religiosa si la religión seca a la gente y Cristo le da vida. Actualmente hay mucha gente que enseña que si se da mucho dinero, Cristo estará cerca, y si se da poco dinero, Cristo estará lejos. Están manipulando como él no dejó escrito. El Señor dejó escrito que él era nuestra compañía, nuestro Salvador, nuestro Señor, nuestra esperanza, nuestro camino. Y estas personas que manipulan se están metiendo en un «paquete» muy feo y creo que muchos de ellos si no se arrepienten no van a salir, porque el Señor les dirá: «Apartaos de mí, no os conozco».
Nosotros los que conocemos a Dios (o creemos que le conocemos), o, creemos que Dios nos está hablando, por ser músicos tenemos una gran responsabilidad de escribir cosas que tengan sentido con lo que está pasando, porque si no, ponemos a Cristo muy arriba o se manipula creyendo que lo logramos, y finalmente nos equivocamos.

Cuando una persona se me acerca con lágrimas en los ojos y me dice que ha conocido a Cristo a través de una de mis canciones o que su matrimonio ha sido restaurado por medio de mis composiciones, miro hacia arriba sin levantar los ojos y digo: «¡Señor, qué lindo el trabajo que haces!», «¡qué bueno que me utilizaste a mí y no a otro!», «¡Padre, gracias porque logré entender lo que significa escucharte y escuchándote la gente recibe lo que le hace falta!».
A las personas que deseen ser influyentes por medio de la música cristiana, yo les recomendaría que conozcan muy bien lo que Dios dice (su Palabra), porque lo que Dios dejó escrito es para siempre. Si hay personas que quieren cantar a Cristo, transmitir a Cristo, lo primero que tienen que hacer es conocer lo que Cristo dice para luego mostrarlo. Cuando yo era joven trabajé en una compañía dedicada a la venta de café. Antes de salir a vender tuve que recibir un discipulado de treinta días para saber cómo era ese café y qué decir realmente. Yo tenía que presentar el café, y para eso tenía que conocerlo: cómo fue cultivado, de qué manera se encontraba torrado, es decir, todo el proceso y así presentar y vender dicho café. Para hablar de algo hay que conocerlo. Si yo quiero proclamar a Cristo, al menos debo conocer su Palabra, amarlo, respetarlo y ¡obedecerlo! poniendo en práctica todo lo que ha dejado escrito en su Palabra.

Para que la música cristiana sea influyente en sociedades como las nuestras, depende de que el Espíritu de Dios esté en medio, luego del autor, del productor, del estudio de grabación. Para tener influencia en la sociedad el cantante cristiano debe tener buen testimonio.
Uno de los elementos que Dios nos ha dado para influenciar a la sociedad, es la música.

Finalmente, quisiera ver a este mundo con una paz genuina, pero esto no pasa por un buen deseo simplemente. Si un auto anda mal es mejor preguntar al que lo inventó que al mecánico de la esquina. Imagínece que a un lado suyo se encuentra el inventor de dicho automóvil y al otro lado está un mecánico; yo le preguntaría a la humanidad a quién iría si dicho auto se dañó. Yo correría al inventor. El inventor del automóvil me va a decir: «Ten cuidado con esto», «ten cuidado con aquello», «ten cuidado con lo otro», «estás maltratando esto», «estás manejando mal», «debes darle mantenimiento cada tres o cada cuatro meses», «debes revisar esto cada cuatro o cinco días», «fíjate en el aire de las llantas, los frenos, el motor, el cambio de aceite...». El mecánico, como es su negocio, me va a decir: «No hagas tanto»; porque él necesita arreglar para vivir. El que inventó dicho auto estima su producto y te dice qué debes hacer para que tu automóvil se dañe menos.
En todo el mundo hay mucho por hacer, por eso necesitamos al mejor «mecánico» del ser humano, Cristo nuestro Señor, nuestro creador.

Si puedo, trataré de mostrarle a la gente que se puede vivir con un futuro mejor, mirando las cosas desde otra perspectiva, con otra visión; de la mano del Señor Jesús.

Chau, hasta siempre.

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