Escrito por la pastora Noemí Caballero
Pastora junto a su esposo, el pastor José Caballero, en la Primera Iglesia Bautista Hispana de Huntington Park, Los Ángeles, California, Estados Unidos de América.
Durante muchos años ha trabajado en destacados medios masivos de comunicación cristiana.
La pastora Noemí Caballero es la maestra en el programa internacional de radio Para ti mujer. Sus instructivos e inspiradores mensajes son transmitidos por diversas estaciones de radio en distintas partes del mundo.

Una esposa llena del Espíritu Santo

Todo lo que tenga que ver con el mundo de la mujer me apasiona. Me interesan su vida, sus desafíos, sus conflictos y problemas, sus logros, sus luchas, su influencia y todo aquello que una mujer desarrolla a los largo de su vida con madurez y buen criterio en todas las áreas.

Me apasiona también ver mujeres luchadoras llenas del Espíritu Santo de Dios y sabiduría de la Palabra que producen frutos y provocan resultados beneficiosos para su familia así como también en el liderazgo de la Iglesia y el mundo que las rodea.

Es que la mujer es fundamental en el ámbito familiar y en la sociedad y puede ejercer una buena o mala influencia dependiendo de su vivencia, educación, formación y fundamentalmente de su vida espiritual. Dios nos creó con muchísimas capacidades y nos dio la posibilidad de poder abarcar muchas cosas y sobre todo nos hizo mujeres de valor y con un propósito. Él puso en nuestra naturaleza el deseo y la capacidad para poder llegar a ser realmente esas "mujeres valiosas".

Hemos sido creadas por Dios y él quiere llevarnos a cosas importantes, nos quiere preparadas para vivir en este mundo y nos desafía a que esto sea una realidad en nuestra vida.

Aquí vienen preguntas importantes: ¿Puedo lograrlo? ¿Cómo puedo sentirme plena ante las circunstancias que me tocan vivir? ¿Dónde está la fuente de mis recursos para sentirme fuerte? ¿Podré sentir que soy una mujer llena del Espíritu Santo para poder ser de influencia en mi familia, en mi trabajo, en los que son testigos de mis actos?

En Juan 10:10 Jesús dice:
Yo he venido para que tengan vida y para que la tengan en abundancia. Jesús no solamente quiere que vivamos, sino que además es el primer interesado en que la vida que podamos vivir sea en abundancia, no a medias, no mediocremente o sin sentido. Dios preparó todo de una forma tan especial para nosotros que nos dejó claramente expresado en la Bilbia todo lo que necesitábamos para vivir en plenitud y en obediencia a él.

Quizá muchas conocemos hasta de memoria lo que la Biblia dice en relación a la mujer, su estima y valor delante de los ojos de Dios. Sabemos que es verdad; que Dios nos ama, que Jesús es nuestro Salvador personal, que tenemos que aprender a confiar nuestra vida en él y que su Espíritu Santo puede darnos el poder y la fuerza para caminar en el diario vivir. Que podemos desempeñar nuestro rol de esposas y madres, amigas o hijas con un poder que no es nuestro sino que es dado por el Señor a todo aquel que acepta seguirle. Pero ¿cuánto de este conocimiento llevamos a la práctica realmente como para sentirnos plenas, llenas con esa abundancia total del bien en nuestra vida? ¿Cuán necesario es el Espíritu Santo para una mujer o para una esposa cristiana que quiere tener una vida agradable a Dios?

Vuelvo a la Biblia y encuentro en Hechos 1:1-4 el momento en que Jesús les dice a sus discípulos que esperaran en Jerusalén hasta que viniera sobre ellos el Espíritu Santo. Es un privilegio hermoso el de este grupo de hombres y mujeres que durante el ministerio de Jesús habían podido ser testigos de primera mano de sus enseñanzas, sus milagros, su ejemplo y su amistad. Jesús sabía perfectamente que los discípulos no podrían desarrollar su ministerio sin la ayuda divina que ya estaba disponible para ellos.

Esta misma ayuda es la que está también a nuestro alcance, con el mismo poder, la misma naturaleza y de parte del mismo Dios para nosotros.

¿Quién es el Espíritu Santo? Lo sabemos, es la Tercera Persona de la Trinidad... Él es plenamente Dios también. El Espíritu también es la promesa de Dios quien prometió enviarnos al Consolador y Ayudador hasta el fin de nuestra existencia aquí en la tierra. En Juan 14:16-17 dice Jesús:
Y yo le pediré al Padre que les mande otro Defensor, el Espíritu de la verdad para que esté siempre con ustedes. Los que son del mundo no lo pueden recibir, porque no lo ven ni lo conocen; pero ustedes lo conocen, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes.

El Espíritu Santo también es un regalo para los cristianos. Cuando nos reconciliamos con Dios por medio de Jesucristo aceptándolo como nuestro Salvador personal, él viene a morar en cada corazón, dándonos una garantía completa de que somos hijos de Dios. No tenemos que hacer ningún esfuerzo para conseguirlo, la presencia del Espíritu Santo es un regalo que Dios nos da en el día en que nacemos de nuevo.

Siempre pensé que me hubiera gustado haber vivido y ser testigo directo de aquella época en que Jesús ejerció su ministerio. Los discípulos tuvieron el privilegio de estar cerca de Jesús y escucharlo directamente. A nosotros nos toca vivir en otra generación, pero también con el enorme privilegio de conocer el mensaje de salvación, aceptarlo en nuestro corazón, tener la presencia del Espíritu de Dios en nuestro ser y poder vivir desde ese momento una vida llena de él; una vida que le honre y le sea agradable.

Si somos los primeros beneficiados en esta relación, la consecuencia y el resultado de esta vivencia será de bendición para los que están cerca nuestro.

¿Entendemos lo que significa vivir una vida llena de su Espíritu? ¿Entiendo que esto puede beneficiarme para crecer y madurar en mi vida espiritual? ¿Comprendemos ahora por qué el Señor dijo que vino para darnos vida y vida en abundancia? No podemos ver a Jesús directamente, pero podemos tener una relación directa con él, porque tenemos en nuestro ser al Espíritu Santo de Dios.

Con este regalo hermoso de parte de Dios para nuestras vidas, ¿por qué no sentirnos que lo tenemos tan cerca? ¿Por qué nos sentimos vacías o apáticas? ¿Por qué tendemos a abrazar los problemas usando nuestros propios recursos humanos en lugar de descansar en el Señor?

Al comienzo de la nota hice referencia a la gran cantidad de roles que una mujer desempeña y entre ellos está el de esposa. No es fácil separar estos roles, aunque sean distintos entre sí en naturaleza y dedicación, pero quiero hacer énfasis especialmente en este rol porque el soporte fundamental para el esposo es la esposa, su gran compañera en el camino que les toca recorrer juntos "hasta que la muerte los separe", aunque hoy son muchas las cosas que lamentablemente separan a los matrimonios y no precisamente es la muerte (aun dentro de nuestras Iglesias).

No son tiempos para quedarnos en la superficialidad y apatía de una vida espiritual sin frutos y viviendo una vida de fe vacía o teniendo una fe desordenada, controlada solamente por las emociones y estados de ánimo. La esposa cristiana es una mujer que vive, respira y actúa con la unción y la presencia del Espíritu Santo en su vida.

Es la mujer de la que justamente habla Proverbios 31:10-31, que la describe no como una "mujer perfecta" sino como mujer sabia, que discierne, que sabe lo que su familia necesita, que es confiable, que es segura en su desempeño, que se reviste de fortaleza y con ánimo se dispone a trabajar, que cuida que su casa marche bien, que brinda a su esposo grandes satisfacciones todos los días de su vida. Su esposo es bien conocido en la ciudad y se cuenta entre los más respetados del país. Se reviste de fuerza y dignidad y el día de mañana no le preocupa porque habla siempre con sabiduría y da con amor sus enseñanzas. La Biblia la describe como una mujer alabada por sus hijos y por su esposo y ellos le dicen que "entre muchas, ella es la mejor de todas". ¿Por qué esta mujer se lleva todas estas loas, gratitudes y reconocimientos? La misma Palabra dice que porque "la mujer que honra al Señor, es digna de alabanza, merece ser alabada y reconocida por la huella y el testimonio que deja impregnado en quienes la rodean".

Esto lo hace solamente la presencia del Espíritu de Dios en nosotras, funciona porque es el poder del mismo Dios y del mismo Jesús prometido a los que creían en él. Funciona porque es el motor que provoca el querer y el hacer, y aquí, en este punto, es fundamental mi disposición, mi entrega y mi compromiso para vivir esta relación con el Señor.

La esposa cristiana llena del Espíritu Santo refleja la clase de relación que tiene con Dios.

¿Cómo lograrlo?

El Señor dice en 2 Corintios 12:9: "Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad". Por lo tanto, si pensamos en que no somos capaces de funcionar con la llenura y la plenitud del Espíritu Santo porque es algo difícil de lograr, los argumentos se nos caen, pues es solo y exclusivamente por la gracia del Señor que podemos ser fuertes en nuestra debilidad.

La porción de la gracia que tuve ayer no me será suficiente para hoy. La gracia es el favor desbordante de Dios y siempre puedo contar con ella para tomar toda la que necesito. Cuando estoy contenta, en mucha paciencia, en tribulación, en necesidad, en estrechez y en abundancia. No es solo orar y pedir que Dios ayude, se trata de recurrir a la gracia de Dios, en mi relación diaria, ayer, hoy y mañana. ¿Recuerdan en el Antiguo Testamento cuando Dios prometió al pueblo de Israel que les daría el maná para alimentarlos diariamente? El pueblo de Israel estaba contento porque ya no pasaría hambre y tendría la porción diaria de comida que necesitaba, pero hubo una recomendación de parte de Dios para obtener este beneficio. Dios les dijo que no recogieran más que la porción que necesitaban para sentirse satisfechos cada día, porque si lo hacían esa comida no les serviría para comer al día siguiente, se echaría a perder. Por supuesto que hubo muchos que se sintieron tentados a hacer todo lo contrario, como si lo dicho por Dios carecía de significado y enseñanza. Ellos guardaron lo que les sobraba "¡por si acaso faltara comida al día siguiente o a Dios se le olvidara enviar el maná prometido!". ¿El resultado? La comida que guardaban se les echó a perder y no pudieron aprovecharla.

Con este ejemplo doméstico Dios les quería dar al pueblo de Israel una lección fundamental: no era la comida lo central para sus vidas. Lo más importante era reconocer de dónde y de quién provenía esta cada día. El "cada día" significa mirar al cielo para recibir lo prometido y lo que les haría sentir satisfechos para ese día. El pueblo necesitaba ejercitar y experimentar la actitud de mirar al cielo y recibir la gracia de Dios.

Es exactamente lo que sucede con la vida espiritual de los hijos de Dios. Las circunstancias nos pueden llevar a donde sea, pero tenemos que seguir recurriendo a la gracia y el favor de Dios, porque él es quien nos unge con su Espíritu Santo, nos separa de las otras cosas que no nos permiten crecer y nos consagra como mujer-esposa para vivir en unidad con él, transmitir, bendecir, dejar huella a nuestro paso y también tener la sabiduría y humildad necesaria para perdonar y pedir perdón.

El salmista David reconoce en el Salmo 23:5 que Dios era quien ungía su cabeza con aceite para que su copa, para que su vida pueda rebozar y sentir plenitud.

Para que una esposa cristiana sienta y actúe con la plenitud del Espíritu Santo:

- debe estar basada en una relación personal con él.
En Hechos 26:16 el Señor le dice a Pablo:
Pero levántate, ponte de pie, porque me he aparecido a ti para designarte como mi servidor y testigo de lo que ahora has visto y de lo que todavía has de ver de mí. Pablo no tuvo un encuentro casual o emocional con el Señor. Pablo fue cambiado para tener una relación personal con Jesucristo. No es suficiente estar convencidos mentalmente, no es suficiente conocer lo que hace el Espíritu Santo, es tener una relación personal con él. Es acercarme al Señor, orar, leer su Palabra, entregar mi ser como un sacrificio vivo, agradable y santo sobre el altar y permitir que mi vida sea transformada para poder conocer su voluntad agradable y perfecta.

- debe guardar la Palabra y aprender a perseverar.
Apocalipsis 3:10 dice:
Has cumplido mi mandamiento de ser constante, y por eso yo te protegeré de la hora de la prueba que va a venir sobre el mundo entero, para poner a prueba a todos los que viven en la tierra. Perseverar es mucho más que persistir, más que aguantar hasta el final. El caos y el desastre en nuestras vidas viene cuando carecemos de esa confianza total en él. La fe es un confianza poderosa y debe cubrir todas las áreas de nuestra vida. Vivir una vida escondida con Cristo en Dios nos permite ganar las batallas sencillas y difíciles, saber aceptar los fracasos y tomar la oportunidad de aprender a no manejar los problemas y las soluciones de acuerdo a mi pensamiento o sentido común. Vuelvo aquí a recalcar que es cuestión de actitud, una perspectiva de vida. No es lo mismo caminar entre la arena y las rocas de una playa con tacones altos que con zapatillas planas, el calzado adecuado que usemos es fundamental. Una mujer cristiana y en plenitud del Espíritu Santo de Dios estará preparada adecuadamente para caminar sobre todo terreno.

- no espere ser "perfecta" para sentir que es una esposa llena del Espíritu de Dios.
Pablo en Filipenses 3:12 dice:
No que lo haya alcanzado ya, ni que ya haya conseguido todo, ni que ya sea perfecto, pero sigo adelante con la esperanza de alcanzarlo, puesto que Cristo Jesús me alcanzó primero. El objetivo de Dios no es que tengamos éxito, sea cual fuere la voluntad de Dios para nosotras, sino que dependamos de su poder. El caminar diario con el Señor provoca que su Espíritu Santo nos dirija, el relacionarnos con él se convierte en la "meta misma" de nuestra vida.
Sigamos adelante, con la esperanza de alcanzar lo que vendrá más allá. Los frutos al caminar en el Espíritu de Dios coronarán de honra a nuestro esposo y a nuestro hogar.

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